Mercado laboral, demografía y cambio tecnológico | Acacia Inversión
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Mercado laboral, demografía y cambio tecnológico

Mercado laboral, demografía y cambio tecnológico

El modo de vida y las relaciones económicas a las que estamos acostumbrados tienen las suficientes amenazas como para llegar a considerarlas en un futuro como material de estudio en clases de historia.

El imparable proceso de globalización que seguirá trasladando riqueza desde las clases medias y las más desfavorecidas de los países ricos hacia los países emergentes, especialmente asiáticos, más proclives al consumo, está enmascarando un proceso de racionalización del uso de los recursos naturales que se hace imprescindible para seguir disfrutando de este planeta y que inevitablemente producirá grandes cambios en el consumo y por ende en el empleo.

Este proceso de globalización se enfrenta en los países ricos a un creciente rechazo de los ciudadanos que se está viendo reflejado en las urnas, con un fuerte crecimiento de las opciones populistas y anti sistema, ofreciendo promesas económicamente absurdas cuando no directamente engañosas.

Parece que se nos está olvidando la importancia de la demografía. Con una población estancada o incluso a la baja en algunos de esos países ricos, la única manera de mantener las bases del sistema es a través de la inmigración, o sea hasta aquí nada nuevo. La novedad viene de la resistencia de una creciente parte de los ciudadanos a ese movimiento migratorio, porque a pesar de garantizar sus derechos a largo plazo, por ejemplo en pensiones, supone una fuente de conflicto a corto plazo por su competencia en la obtención de empleo, especialmente el menos cualificado, provocando de paso una significativa caída de salarios, sin entender que la alternativa es el desplazamiento de muchas de esas actividades a otros países, lo que aún empeoraría su situación.

Y eso por no hablar de la presión migratoria incontrolada o ilegal que puede convertirse como hemos visto recientemente en Europa en un problema de enormes dimensiones y que solo puede combatirse eficientemente a largo plazo generando unas mínimas condiciones de vida en los países de origen y asumiendo en los nuestros los cambios necesarios para adoptar tales flujos migratorios.

Esta es la situación actual, pero de todos los retos que enfrenta este status quo, el más importante en mi opinión, es el cambio tecnológico, siendo capital su integración en el desarrollo económico.

Los cambios que la tecnología ha ido generando en la Sociedad han ido aumentando a la par que crecía el ritmo de cambio de la propia tecnología, pero parece que ahora estamos en el umbral de otro salto cualitativo con la llamada cuarta revolución industrial, que promete con robots inteligentes, nanotecnología o inteligencia artificial, con increíbles avances en genética o biotecnología, con nuevos materiales o impresores 3D, un cambio radical en nuestra vida, tanto en el empleo como en el ocio.

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Lejos de las visiones apocalípticas que siempre se producen ante lo desconocido, quiero hacer referencia al informe publicado por el Foro Económico Mundial de Davos del pasado mes de enero bajo el título de “The Future of Jobs” en el que entre otras perlas se estimaba en unos siete millones los puestos de trabajo que se perderían por la automatización y las nuevas tecnologías, mientras esas tecnologías tan solo crearían dos millones de nuevos puestos.

Pero aún más importante es el análisis sobre el tipo de habilidades necesarias para trabajar en un futuro tanto en las nuevas ocupaciones como en las antiguas, con la aplicación creciente de la creatividad y de un mayor pensamiento crítico, liberando tiempo de tareas repetitivas o previsibles para crear e innovar. En el citado informe se estima que hasta un 65 por ciento de los niños que están entrando ahora en edad escolar terminarán trabajando en ocupaciones completamente nuevas que actualmente no existen.

Otro informe, “The future of employment: How susceptible are Jobs to computerisation?” de la Universidad de Oxford, camina por la misma línea, analizando la probabilidad de que 700 profesiones sean automatizadas. La novedad es que las máquinas inteligentes pueden sacar del mercado a trabajadores con empleos buenos, y no solo los más básicos como ha sido fundamentalmente hasta ahora. Curiosamente, o no tanto, en el ranking que aparece en el apéndice, la ocupación con menor probabilidad de automatización es la de terapeuta de recreo y la de mayor probabilidad teleoperador.

Aunque en un informe de OECD Science, Technology and Industry Working Papers del pasado enero sobre trabajos rutinarios, empleo e innovación tecnológica, se estimaba que “solo” un 12 por ciento de los trabajos en España corría un riesgo alto de ser automatizados; y eso a pesar de que el empleo temporal, más sensible a estos cambios, suponía un 25 por ciento del empleo total en 2015; lo cierto es que se hace imprescindible un cambio hacia una educación acorde hacia esos nuevos “tiempos tecnológicos” y un sistema fiscal que facilite una redistribución de rentas de los ganadores a los perdedores en el proceso.

Y qué decir de la organización en el trabajo o incluso del reparto de un trabajo que será sin duda más escaso. Pues como siempre las opiniones varían en función del sesgo personal, pero no hay duda de que el tiempo libre tendrá una mayor importancia en nuestras vidas, imponiéndose una fuerte reducción de la jornada laboral, llegando incluso a plantearse el trabajo como una opción si se alcanzase el hito de una renta básica universal.

Pueden parecer ideas radicales o nuevas, pero lo cierto es que John Maynard Keynes en una conferencia dictada en su visita a la Residencia de Estudiantes de Madrid en 1930 bajo el título de “Posible situación económica de nuestros nietos” y que luego fue incluida en su libro “Ensayos de Persuasión”, ya anticipaba que el desarrollo del sistema capitalista y la tecnología podrían llevar a una limitación del trabajo a solo tres horas diarias.

En definitiva, el explosivo cóctel entre demografía, globalización y cambio tecnológico, va a provocar dramáticos cambios no solo en nuestras relaciones laborales, sino de una manera más amplia en nuestra forma de vida.

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