Revolución coche eléctrico ¿Somos conscientes del momento?
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¿Somos realmente conscientes del momento en que vivimos?

¿Somos realmente conscientes del momento en que vivimos?

Los contemporáneos de la Revolución Industrial fueron sorprendidos, antes incluso de que se inventara el término, por un increíble avance que, desde una economía rural de siglos de existencia, les presentaría en una realidad industrial que modificaría desde entonces los paradigmas sociales y económicos establecidos.

Los habitantes de Manchester sabían que algo estaba ocurriendo, pero no eran conscientes de la magnitud de los eventos que se estaban viviendo. Y lo mismo ocurría con los países de su entorno, conocían de la existencia de cambios en Inglaterra, pero no terminaban de entender lo que sobrevenía.

imagen Robeco PNSDT revolucion coche electrico Acacia InversionLa Exposición Universal de 1851 en Londres marcó un antes y un después en la percepción de este país por parte del resto de Europa. Sin embargo, este salto, en principio abismal en conocimiento, en pocos años fue alcanzado por los países vecinos, como quedó patente pocos años más tarde en la Exposición Universal de Paris, confirmando allí la recuperación del terreno perdido por las otras potencias europeas modernas. La mayor agilidad en el cambio viene impulsada de la mano de la acumulación de conocimiento y su transferencia.

Lo que no cabe duda, al menos en las Ciencias, es que una generación puede ver más lejos que la anterior, subidos a hombros de gigantes. De ahí que, el reciente Premio Nobel de economía, Paul Romer, al desarrollar su teoría del crecimiento endógeno, entendía que: “Para que una sociedad se desarrolle necesita acumular capital humano y conocimiento, y poder acceder así a las innovaciones tecnológicas”.

La llegada del vehículo eléctrico se plantea en diversos foros como una revolución, en parte debida a la magnitud de la demanda esperada y al impulso técnico necesario para satisfacerla (lo que también significa alcanzar precios ventajosos frente a alternativas existentes, y evitar la problemática con los recursos minerales necesarios). A estos factores se añade la velocidad de un cambio acuciado por la amenaza del calentamiento global, la contaminación, y el discutido agotamiento de los combustibles fósiles.

La revolución del vehículo eléctrico se da en este momento porque confluyen muchas realidades. Desde Robeco se habla a menudo sobre la necesidad de entender los desafíos y de aprovechar las oportunidades, y eso es lo que está ocurriendo con el vehículo eléctrico. Es en estos momentos, cuando se puede estar viviendo la mejor oportunidad para su implantación.

Por un lado tenemos la realidad tecnológica, con adelantos en la electrónica y el software que aumentan la eficiencia del tren de potencia y los consumos auxiliares, o de materiales más ligeros y costosos que se convierten en imprescindibles en la optimización de una autonomía que se presenta como caballo de batalla de todo transporte. Esta autonomía, seguida de su velocidad de carga, ambas cruciales, dependen en estos momentos de la I+D de los fabricantes de los sistemas de acumulación de energía. Si pensamos en el salto tecnológico que supone el abandono de las baterías de plomo iniciales, pesadas y de baja densidad energética, por las actuales de ión litio, mucho más ligeras y de mayor densidad energética, seguida de la frenética carrera hacia el desarrollo de nuevas generaciones de baterías (metal sólido, grafeno, diferentes químicas con menor cobalto, etc.), nos damos cuenta del momento en que nos encontramos.

Y por otro tenemos la realidad sostenible, donde gracias a los avances científicos en técnicas de muestreo y nuevos modelos aplicados al crecimiento (recordemos el trabajo del otro partícipe del Premio Nobel de Economía, W. Nordhaus) podemos aventurar las consecuencias de un incremento de temperatura que, con gran unanimidad, se relacionan con el efecto humano.

Podríamos decir que nos encontramos, en suma, en un momento de acumulación favorable, de oportunidad, que viene motivado principalmente por: la acumulación tecnológica y la acumulación o evolución de la consciencia socio-ambiental.

La acumulación del conocimiento es imprescindible para el desarrollo sostenible. Este concepto que nace en 1987 ha sido tan empleado últimamente que parece perder su significado. Pero esto no es así. En estos últimos años, y en caso de que queramos mantener la sociedad como la conocemos, el desarrollo debe ir de la mano de la sostenibilidad, y esto sólo se consigue mediante la integración de los entornos ambientales y sociales, con el crecimiento económico.

Solo el pensamiento de necesitar otros dos vértices para formar el triángulo sostenible (económico, social y medio ambiente) cuando sólo la economía ha sido durante el siglo anterior el vector director del desarrollo, implica un fuerte cambio de pensamiento. El salto del pensamiento de Friedman centrado sólo en los accionistas, al de Freeman y su consideración de los diversos grupos de interés, implica muchas cosas.

Vivimos en una época maravillosa que despegó a finales del XVIII. Lograr pensar de manera holística un problema que se ha demostrado irresoluble sólo desde un polo, el económico,  devuelve algo de confianza a los avances de la agenda global (Acuerdos de París, Objetivos de Desarrollo Sostenible, Agenda 2030).

El fuerte interés cobrado por países y empresas de cara a su alineación con los ODS lo apoya. La presión social cobra fuerza ante temas tan diversos como un cambio climático con energía para todos, un progreso tecnológico libre de minerales de conflicto, o el fin del hambre y la pobreza, sin olvidar el crecimiento económico de quien lo promueve. Para acercarnos a estos objetivos, los artífices deben tener una ventaja: la de saber aprovechar los desafíos, y para eso es necesario ser conscientes del momento de oportunidad en que vivimos.

El hecho y la necesidad de que los cambios exponenciales motivados por el desarrollo tecnológico, el crecimiento económico y la sostenibilidad estén llamados a caminar juntos, debería hacernos pensar si en nuestras carteras ese espíritu debería estar también presente de algún modo. Hoy en día existen diferentes maneras de afrontar la sostenibilidad en nuestras inversiones, bien integrando elementos ASG en los procesos de inversión de estrategias de renta fija o variable, bien con fondos que son sostenibles más puros porque su universo de inversión directamente es un “best in class” del mundo verde, o bien con otros que son temáticos de la materia, como pueden ser productos relacionados con ese vehículo eléctrico comentado, con la actual transición a una energía más eficiente o con el uso de unos materiales más inteligentes en esta llamada revolución industrial 4.0.

Artículo de:

Luis de la Torre de Palacios. Dr. Ing de Minas. Consultor Servicios sostenibilidad Robeco España

Pilar Garicano, CFA. Dir. De Ventas Institucionales Robeco España

 


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Pilar Garicano
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