El futuro de la atención sanitaria y su influencia en la longevidad - PNSDT
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El futuro de la atención sanitaria y su influencia en la longevidad

El futuro de la atención sanitaria y su influencia en la longevidad

Nos encontramos inmersos en un cambio industrial provocado por la revolución tecnológica que, poco a poco, va penetrando en todos los ámbitos de nuestra vida. Estamos viéndolo constantemente con los móviles, la domótica, los coches, el big data…, que afectan en multitud de disciplinas profesionales, y, dentro de esa evolución, el universo sanitario no va a permanecer al margen. Hasta ahora, la innovación se ha canalizado principalmente hacia el aparataje quirúrgico o de diagnóstico, cuya precisión ha proporcionado grandes avances en las intervenciones y en el diagnóstico médico, así como en robots más dirigidos a la mejora de las condiciones funcionales para mantener un estado de vida óptimo. Estamos hablando de marcapasos, audífonos, biomecánica, etc. Entre tanto avance tampoco podemos obviar que la esperanza de vida ha aumentado, gracias a que las condiciones de vida han mejorado con el sistema de salud pública y los avances de la medicina. Por ejemplo, en 1960, la esperanza de vida al nacer era de 53 años mientras que en 2015 era de 73 años, según estimaciones realizadas por Naciones Unidas a nivel mundial.

Logo-bluehealthcareDiferentes estudios han llegado a la conclusión de que, en la actualidad, entre los 60 y los 90 años, fallece el 30% de la población por enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativas, metabólicas o cáncer. Sin embargo, desde la secuenciación del genoma humano en el año 2000 se puede prever qué posibilidades hay de desarrollar dichas enfermedades y, como consecuencia, prevenirlas siempre y cuando esto sea posible. Inicialmente, la medicina del mañana se focalizará en incrementar el porcentaje de personas que lleguen a los 90 años sin enfermedades crónicas que limiten su funcionalidad. Hoy en día sólo 4 personas de cada 100 llegan a los 80 años sin ninguna patología crónica. El objetivo, por tanto, no se limita a aumentar la longevidad sino a que esta sea saludable, es decir, que tendamos a “morir sanos”.

Para analizar el potencial impacto que ello puede generar en la industria deberíamos de centrarnos en las cuatro grandes áreas donde la influencia de la tecnología va a resultar decisiva:

· la industria del seguro de salud
· el hospital
· la relación médico-paciente
· la globalización digital

La industria del seguro de salud, que nació en el siglo XIX para la cobertura de sus clientes en los posibles accidentes en viajes y que, posteriormente, planteó su foco en el tratamiento de enfermedades, está evolucionando su modelo de negocio hacia la concienciación de sus clientes en la búsqueda de estilos de vida saludable. Esto incluye un abanico de disciplinas que tienen que ver con el bienestar y la prevención en su versión más afinada; es decir, anticipación de las posibles patologías y no solo su detección prematura cuando el proceso clínico ya es una realidad. Como advierten estudios realizados por Deloitte Center for Health Solutions sobre el plan de salud del futuro, la disrupción en el mundo sanitario va a ser inevitable.

Las aseguradoras sanitarias deberán cambiar su modelo de negocio basado en la gestión del riesgo y procesamiento de reclamaciones hacia un sistema más multidimensional basado en una atención hiperpersonalizada, el uso del big data, análisis de población, empoderamiento del cliente y en la creación de los canales necesarios para facilitar el acceso a sus asegurados. El modelo de salud del futuro se basará en garantizar de manera continuada una alta calidad médica en atención sanitaria y servicios, realizando estudios sobre el área de influencia del cliente para anticipar su estado de salud y sus enfermedades potenciales, mediante el uso de dispositivos digitales y otras herramientas que permitan tenerle monitorizado en todo momento y capacitándolo para obtener una mejora sustancial en su estado de salud.

Los hospitales han sido los grandes impulsores de los avances clínicos que se han producido tanto en la medicina como en la tecnología sanitaria. El reto consiste en asimilar las crecientes necesidades sanitarias. En el entorno actual, en el que el nivel de apalancamiento de los gobiernos es cada vez más elevado, y en el que el mantenimiento del estado de bienestar va con cargo a los Presupuestos Generales del Estado, es razonable prever que en algún momento el sistema será complejo de mantener, por no decir insostenible. Pensemos que una disminución del gasto publico generará un debate importante en la sociedad tanto por el lado de la responsabilidad civil como hasta preguntarnos en qué grado el acceso de la sanidad podrá ser gratuito y universal y hasta qué nivel seremos solidarios. La realidad económica nos pondrá en una situación difícil y no habrá más remedio que tomar decisiones. Actualmente ya somos testigos de la diferente atención y prioridad de accesos en las distintas comunidades autónomas, con listas de espera diferentes, garantías de calidad distintas y modelos exclusivos de libertad de elección de profesionales y hospitales.

Los hospitales del mañana tendrán que responder a una atención completa, que integre aspectos médicos, sociales y de bienestar, e impulsarán una organización y una coordinación de diferentes entidades bajo una misma política asistencial.

La presión presupuestaria tendrá efectos en el binomio ingreso-gasto, y habrá una reasignación de recursos para ser más eficientes. El servicio hospitalario será mucho más especializado, con utilización de tecnologías que reasignarán el uso de espacios (consultas, salas de espera…). Los hospitales con mayores prestaciones impulsarán una asistencia basada en las terapias personalizadas, nanotecnología, robótica, inteligencia artificial y estudios genéticos. Los tratamientos más sencillos se realizarán en clínicas de tamaño mediano/pequeño, donde los costes serán más reducidos debido a unas menores necesidades tecnológicas, donde el trato cercano debe generar la adherencia con el paciente para que acuda siempre al centro y desde allí se acometerá dicho tratamiento individualizado y preciso. Las clínicas, a su vez, derivarán los pacientes con patologías más complejas a los hospitales. El cuidado del ambiente y las emisiones tóxicas jugarán un importante papel en la prevención de enfermedades por su impacto en la epigenética, es decir, en aquellos disparadores de nuestra condición genética.

También la telemedicina tendrá un papel protagonista, ayudará a que el transito de pacientes sea menor, ya que se puede conectar con el médico a una hora preestablecida sin necesidad de desplazamientos; los hospitales serán mucho más flexibles, siendo su rol el de coordinación de servicios más allá del propio servicio médico.

Toda esta metamorfosis afectará a la relación médico-paciente. El primer gran cambio vendrá dado porque tanto las personas con enfermedades crónicas como las sanas van a tener unas altas expectativas respecto a su estado de salud óptimo para su edad. El segundo cambio vendrá por el trabajo en equipo asistencial, liderado por el médico de referencia del paciente, y en una puesta en común de todas las áreas implicadas con el fin de establecer un diagnóstico y un tratamiento preciso y personalizado. De esta manera, se acometerá una visión global del paciente, desde los diferentes ángulos de cada especialidad, con seguimiento continuado y virtual.

Los hospitales y los médicos deberán estar a la vanguardia de las nuevas innovaciones tecnológicas, la medicina se verá influida por otras disciplinas como la ingeniería, matemáticas, física, biología… que la afectarán de manera transversal y que harán que los equipos no sólo estén formados por médicos. Asimismo, las unidades de Health Technology Assessment, encargadas de la evaluación sistemática de los pacientes de carácter multidisciplinar, evaluarán todos los aspectos, teniendo en cuenta también los sociales, económicos, étnicos…, que puedan revertir en una mejora de la gestión, de la atención y del servicio. Estos hospitales tecnológicos serán la principal fuente de ingresos del sistema sanitario, serán puntos de referencia y coordinación para el resto de los centros de tamaño menor. Este modelo será escalable local e internacionalmente, generando un ecosistema de calidad a la vanguardia de la tecnología y con un alcance compartido en tiempo real. La innovación y la investigación serán fomentadas bajo la premisa de tener un mejor control de costes. Se desarrollarán aplicaciones móviles para el control de la salud, y cada vez se dará más importancia a los sensores y dispositivos médicos individualizados que sean capaces de transmitir el estado de nuestro cuerpo a la base de datos del historial del paciente; el médico podrá estar advertido en todo momento con un sistema de alertas preestablecidas, monitorizando a su paciente y compartiendo con este la planificación de su salud.

No debemos olvidarnos de la parte emocional, somos cuerpo y mente. Hay enfermedades que se producen influidas por las emociones. Los hospitales del mañana tendrán un coaching de salud que se centrarán de manera proactiva en los pacientes para cumplir los objetivos pactados entre médico y paciente.

La buena medicina del mañana buscará la precisión en la técnica, la personalización en el servicio y la participación del paciente en la planificación de su salud. El aumento en calidad y años de longevidad solo es posible si nos anticipamos a la enfermedad muchos años antes de su aparición. Con un servicio parecido al modelo financiero, basado en el valor y no en el volumen, la excelencia en el proceso de abordaje del paciente se entenderá de manera global e integrada.


Con la sección “Porque no sabemos de todo” buscamos ofrecerles otras opiniones, las de grandes profesionales del sector de la inversión. Acacia Inversión se enorgullece de contar con las aportaciones de nuestros invitados y está muy agradecida por su colaboración, aunque debemos advertir que las opiniones que ellos expresan en sus artículos pueden no coincidir necesariamente con las de nuestro equipo. Algo que, en todo caso, es un motivo más de satisfacción pues muestra la absoluta libertad que queremos ofrecer a los invitados, en beneficio de nuestros clientes.

María Cordón
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