La nueva normalidad COVID x.0 | Acacia Inversión
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La nueva normalidad COVID x.0

La nueva normalidad COVID x.0

Estos meses están siendo catastróficos, una constatación de que hemos sobrepasado la resiliencia sanitaria, hipotecado la economía y comprometido lo social; a nivel regional, nacional y europeo. La triste realidad global nos está mostrando la cara más amarga de una respuesta por bloques, de luces cortas, sin capacidad de ofrecer respuestas más generosas e inteligentes; no solo globalmente, sino también está aflorando la inexperiencia de la gran mayoría de los gobiernos en afrontar acciones que se salgan de lo cotidiano. Contar con magníficos profesionales en los gobiernos y agradecer el esfuerzo sanitario no es suficiente; sigue faltando liderazgo y falla el estilo de liderazgo de referencia.

Llevamos tiempo incorporando mayor complejidad y volatilidad en todos los órdenes de la vida. La digitalización fue sin duda una premonición de la necesaria transformación socioeconómica, pero no se ha abordado con todo el alcance que haría falta para aplacar disrupciones como una guerra o pandemia, ni se han llegado a mitigar todos los riesgos asociados a su mayor implantación; como el de la ciberseguridad. En estos momentos de incertidumbre, se están reposicionando países, regiones, sectores, cadenas de valor y modelos de negocio; se intuyen algunos vencedores y vencidos; y es nuestra responsabilidad identificar rápido las fortalezas y capacidades sobre las que nos tenemos que apoyar, así como aquellas que hay que desarrollar, para construir este nuevo futuro.

De la misma manera es incierto el roadmap sobre posibles tratamientos eficaces, validez de los tests, o garantías de que vayamos a tener una vacuna en los próximos 12 a 18 meses. Es como si fueran vasos comunicantes, cuanta más capacidad de innovación se pone en la investigación abierta de la vacuna, se alejan a la vez los recursos, por el gran coste de los programas y el desinterés de grandes farmacéuticas para entrar en un mercado tan competido, previendo tener que posicionarla además a un precio éticamente asequible. Lo que es una realidad aplastante es que se han acortado los periodos de desarrollo de una vacuna desde los 25 años a menos de 2 años, en relativamente poco tiempo; si los virus son exponencialmente contagiosos, nuestros avances tecnológico-científicos lo hacen al mismo ritmo.

En cualquier caso, hemos perdido nuestra salud, sin ella no podremos remontar la economía, y este equilibrio es complejo en ausencia de un estilo de liderazgo compartido, tan antagónico de las prácticas que triunfan en la política del tweet. También es dura la realidad cuando determinados mandatarios asumen que la mejor política económica para sus países es dejar diezmar su población para crecer con lo que quede, pero cuanto antes. Este no debe ser el camino de los países desarrollados que contamos además con el mayor colectivo de mayores vulnerables a los que proteger.

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Hace dos semanas tenía esperanza en que pudiéramos articular y formar parte de una solución global inteligente y responsable en el corto, medio y largo plazo. La realidad es que seguimos sin conocer la duración y el impacto que va a tener esta crisis a nivel sanitario, económico y social. Nos cuesta colaborar entre geografías y los diferentes sectores de la economía, sencillamente porque estamos más entrenados a competir y porque los gobiernos nos lo dan todo hecho. Esto no es compatible con los mimbres para lidiar con la nueva realidad, la incertidumbre.

Hoy hemos despertado de nuevo con miedo de contagios, residencias amenazadas y niños mal jugando a fútbol dentro de las casas, que sencillamente no es compatible con el teletrabajo. No es algo que se pueda prolongar mucho más, pero no se va a ir para siempre; así que no nos queda otra que adaptarnos y concebir nuevas reglas a todos los niveles, tratando de minimizar los impactos ante diferentes escenarios, incluyendo posibles cisnes blancos como este. Es la única respuesta posible para garantizar en el largo plazo nuestra supervivencia como especie humana; así de urgente e importante.

Los próximos meses, tenemos que mantener un equilibrio del binomio sanidad-economía, que permita aumentar la actividad económica de la manera más ágil posible, sin poner en riesgo el sistema sanitario, gracias al soporte investigador y tecnológico. En este sentido se echa en falta transparencia y comunicación entre los planos políticos, empresariales y sociales, para alinearnos más eficientemente y poder sacar provecho de todas las capacidades que nos estamos perdiendo, para mal de muchos. No sería entendible que salgamos de este primer latigazo de la pandemia sin haber internalizado nuevos procesos que podamos implementar rápidamente ante un repunte, nuevo brote u otra pandemia. Simplemente, porque la economía no lo soportaría, y los psiquiátricos parece ser que tampoco.

En este sentido, más allá de verano se plantea retador, puede que no tengamos que afrontar en una década otra pandemia o que tengamos un octubre cuesta arriba, por lo que sería bueno compartir responsabilidades más allá del sistema político y sanitario, haciendo que todos los grupos de interés participemos en la solución, de manera colaborativa, aumentando nuestra sensibilidad sobre aspectos como:

· Promover una gobernanza pública moderna, ágil e integral (salud-industria-economía-sociedad-educación); integrada en Europa, como bloque mínimo necesario para coordinarnos a nivel global con las principales potencias.

· Reconocer el rol de las empresas, en sentido más amplio que el del propio empresario, como parte necesaria pero no suficiente de la solución; desarrollando ecosistemas de colaboración y alineándonos en torno a retos comunes europeos.

· Solicitar una propuesta de valor resiliente a ciberataques y pandemias, como parte de la competitividad y calidad de vida; en la que puede que todos tengamos que ceder algo de nuestra privacidad para elevar la del conjunto.

· Apoyar que la reconstrucción sea en base a impulsar los proyectos que ponen responsablemente en marcha un círculo virtuoso de empleo, consumo interno, exportaciones, impuestos, financiación y déficit público.

· Desarrollar nuestros vínculos entre profesionales, en el entorno laboral y social, haciéndonos fuertes como redes dentro de redes transnacionales; para poder influir orientando acciones con mayor adhesión y grado de acierto.

Para dar estos pasos, contamos en nuestro entorno más cercano con una cultura bien establecida de clústeres, centros de investigación y tecnológicos, agencias de innovación y asociaciones empresariales, que tienen todavía mucho que aportarnos; entre cuyos asociados más activos es fácil encontrar el estilo de líderes que necesitamos hoy en día.

La mejor vacuna sigue siendo no contar con ella.

¡Progresemos también en todo lo demás!

Alejandro Ormazabal
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