Finanzas conductuales: comportamiento del hombre I | Acacia Inversión
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Finanzas conductuales: comportamiento del hombre I

Finanzas conductuales: comportamiento del hombre I

Hasta comienzo de la década del 2000 gran parte de las teorías económicas, desde las más clásicas (Adam Smith) hasta las denominadas como teorías económicas modernas (Markowitz) pasando por las más arraigadas (Keynes) se asentaban en la hipótesis de que los mercados son eficientes con el fin de poder modelizar la economía y explicar lo que muchas veces resulta inexplicable.

Pero, ¿qué significa que los mercados son eficientes? Que se cumplen tres premisas: el hombre es racional, las probabilidades se distribuyen de forma normal y la información del mercado es perfecta y accesible.

En este artículo y en el siguiente vamos a hablar de la primera de ellas, que el hombre es racional, para desmentirla, dejando para más adelante la segunda y la tercera.

El hombre NO es racional.

 

Existe la creencia generalizada de que el hombre intenta maximizar la rentabilidad (utilidad) minimizando el riesgo que asume para obtenerla. Sin embargo, en ocasiones esta máxima no se cumple, sobre todo cuanta mayor incertidumbre exista en el momento de la toma de las decisiones:

· 2007: se quería maximizar la rentabilidad sin preocuparse del riesgo.

· 2014 – en adelante: Se prefiere minimizar el riesgo incluso con una pérdida segura de patrimonio (compra de deuda alemana).

Es por esto que hoy, en 2017, muchos admitimos y analizamos la implicación que tienen tanto la psicología como la sociología en los movimientos de los mercados y, por supuesto, en la toma de decisiones de los inversores, lo que nos lleva a estudiar los sesgos más comunes que pueden conducir al error en dicho proceso.

Cualquier ahorrador/inversor padece una serie de sesgos emocionales, más acusados en unos casos que en otros, que nos pueden llevar a cometer errores de calado que aumenten la distancia entre la rentabilidad de los activos y la que obtienen finalmente nuestras inversiones:

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A modo de una breve guía, hemos aglutinado los sesgos en siete: de confirmación, de rebaño, de cercanía, exceso de miedo o de confianza, confusión de horizontes temporales, enfrentamiento con las pérdidas y de simplificación de la decisión.

En este primer artículo de una serie, vamos a definir, ejemplificar y daros respuesta a cómo afrontar los tres primeros, dejaremos el resto para próximas publicaciones.

1º SESGO: de confirmación

Con internet tenemos acceso ilimitado a todo tipo de información económica que interpretaremos en función de nuestros propios intereses, con la consecuente distorsión.

Para ayudar a visualizarlo suelo hacer un juego con nuestros inversores: pregunto a un inversor “¿qué cree que va a hacer el mercado?” y, sea cual sea la respuesta, encuentro una opinión de mercado publicada que ratifica su idea y se la muestro. Después le muestro otra que muestra exactamente lo contrario. ¿Con cuál nos quedamos? Las personas siempre encontramos lo que estamos esperando encontrar.

Para poder hacer frente a este sesgo puede seguir dos recomendaciones: hacer un esfuerzo para ser lo más objetivos posible y/o apoyarse en un asesor financiero que les ofrezca una visión más completa y objetiva.

2º SESGO: de rebaño

Las denominadas modas. Es uno de los errores más comunes pues como seres humanos nos encontramos más cómodos acompañados, nos sentimos más resguardados, lo que nos hace llegar tarde y mal a determinadas inversiones.

Ejemplos hay muchos; las puntocom, Japón, huertas solares…, ¿A quién no le ha pasado entrar en un producto de riesgo porque lo hemos escuchado entre los amigos y cuando invertimos no hace más que caer?

Aunque resulte extraño, debemos tener cierto sesgo contrario y cuando escuchamos de manera masiva una idea de inversión es cuando debemos abandonarla (Barón Rothschild y su célebre frase: “El dinero se hace cuando la sangre corre por las calles”).

3º SESGO: de cercanía, de proximidad

Entendido como la tranquilidad que nos da invertir en las empresas conocidas, cercanas, “las de toda la vida”… A todos nos genera mayor sosiego salir a la calle y ver que las acciones que tenemos en cartera son las que nos vamos encontrando a cada paso.

En Bilbao, BBVA e Iberdrola, en Madrid, Telefónica y Santander, en Vitoria, Gamesa…

Desde el punto de vista de diversificación debería ser lo contrario. Si nuestro trabajo está aquí, si nuestro patrimonio inmobiliario está aquí, no tiene mucho sentido tener la cartera en el Ibex 35 y/o en renta fija nacional ya que supone duplicar nuestra “apuesta” por España. Además del coste de oportunidad que nos genera, no hay excusa cuando hoy podemos invertir en cualquier parte del mundo con una eficiencia máxima a través de fondos de inversión.

Como muestra un ejemplo de estos tres primeros sesgos: hablaba en verano con un inversor para que diera un paso adelante (dentro de su perfil) en su exposición a bolsa, en concreto a los sectores más cíclicos. Él me contestaba que estábamos en el apocalipsis financiero ya que los bancos cotizaban a precios ridículos, el no ve solución a la situación actual y se basa en que había escuchado en su lugar de vacaciones (Mallorca) que Deustche Bank quebraba (SESGO DE CONFIRMACIÓN). A finales de 2016 repetí esa llamada para la acción contraria, volver a una situación neutral debido al rally vivido desde septiembre ¿Cuál fue la respuesta? ¡Ahora que está entrando todo el mundo (SESGO DE REBAÑO) he decidido invertir en riesgo, Iberdrola y BBVA (SESGO DE PROXIMIDAD) ya toca un año bueno!

Ya me lo decía un antiguo jefe: “el hombre es un animal que no está preparado para invertir, cuando hay que vender, compra y cuando hay que comprar, vende”. Parece que tenía razón.

Por lo tanto, si te ves reflejado con alguna de estas situaciones la mejor manera de afrontarla es junto con un experto que pueda ofrecerte una visión externa, objetiva y profesional.

Les emplazo a dentro de dos meses a continuar analizando nuestro propio comportamiento. 

 

Germán García Velasco
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